Revista Científica Arbitrada de Investigación en Comunicación, Marketing y Empresa  
REICOMUNICAR. Vol. 4, Núm. 7 (ene - jun 2021) ISSN: 2737-6354.  
Consideraciones teóricas sobre la gestión de las Microfinanzas con un enfoque de Finanzas  
Populares y Solidarias  
Consideraciones teóricas sobre la gestión de las Microfinanzas con  
un enfoque de Finanzas Populares y Solidarias  
Theoretical considerations about the Microfinances management  
with a Popular and Solidarity Finances Approach  
Autora: Verduga-Pino Alexandra  
RESUMEN  
La necesidad de impulsar el cambio de las relaciones de desigualdad, exclusión e  
injusticia imperantes en iniciativas inclusivas y en alternativas que favorezcan el  
desarrollo de los territorios en Ecuador condujo a la realización de una investigación en  
la cual se demuestra que la transformación de las Microfinanzas en Finanzas Populares  
y Solidarias constituye la vía idónea para lograrlo. Este artículo se propone realizar la  
valoración de las Microfinanzas desde su naturaleza socio económica y su participación  
en el contexto del sector financiero ecuatoriano. Además, abordar el sistema novedoso  
de la constitución del Ecuador: la Economía Popular y Solidaria y, en especial, las  
Finanzas Populares y Solidarias. Las consideraciones teóricas derivadas del análisis  
realizado sustentan la gestión de las Microfinanzas con un enfoque de Finanzas  
Populares y Solidarias.  
Palabras claves: Microfinanzas, Finanzas Populares y Solidarias, sector financiero,  
Economía Popular y Solidaria.  
ABSTRACT  
The need to accelerate the change of inequality relations, exclusion and injustice into  
inclusive initiatives and alternatives favoring the development of territories in Ecuador  
led to an investigation which demonstrates that the transformation of Microfinances into  
Popular and Solidarity Finances constitute the best via to attain that purpose. This paper  
aims at presenting the assessment of Microfinances since their socio-economic nature  
and their role in the Ecuadorian financial sector. Moreover, the outstanding Ecuadorian  
Constitution System: The Popular and Solidarity Economy, particularly, the Popular and  
Solidarity Finances is considered. The Microfinances management with a Popular and  
Solidarity Finances Approach is based on the theoretical considerations derived from the  
analysis carried out.  
Keywords: Microfinances, Popular and Solidarity Finances, financial sector, Popular  
and Solidarity Economy  
Información del manuscrito:  
Fecha de recepción: 26 de octubre de 2020.  
Fecha de aceptación: 04 de enero de 2021.  
Fecha de publicación: 11 de enero de 2021.  
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Verduga-Pino (2021)  
1. INTRODUCCIÓN  
Los problemas que enfrenta el ser humano en la actualidad y las crisis por las  
que atraviesa han alcanzado niveles impresionantes, incidiendo de forma  
dramática en aquellos sectores vulnerables y excluidos, enfrentados a un  
escenario de desigualdad, que los coloca en el grupo de los pobres y  
marginados.  
Las diferentes formas de organización y producción de los sectores populares  
que no funcionan con la lógica de acumulación del capital adquieren importancia,  
y hacen que surjan mecanismos alternativos a la banca comercial tradicional, lo  
que favorece la construcción de un nuevo modelo de desarrollo social y  
económico concatenado a un sistema financiero inclusivo, dentro del cual las  
Finanzas Populares y Solidarias alcanzan su mayor expresión.  
El objetivo de este artículo es valorar las microfinanzas desde su naturaleza  
socio económica y su participación en el contexto del sector financiero  
ecuatoriano, así como abordar el sistema novedoso de la constitución del  
Ecuador: la Economía Popular y Solidaria y, en especial, las Finanzas Populares  
y Solidarias. Para ello se emplearon métodos del nivel teórico tales como el  
histórico-lógico, analítico-sintético, inductivo-deductivo que permitieron llegar a  
consideraciones teóricas para sustentar la gestión de las Microfinanzas con un  
enfoque de Finanzas Populares y Solidarias como resultado de la investigación  
realizada.  
2. MARCO TEÓRICO  
Desde hace mucho tiempo, se reconocen en todo el mundo iniciativas de  
préstamo de dinero surgidas ante la necesidad de encontrar opciones para  
combatir la pobreza. Estas iniciativas sociales, a través de las cuales prestar  
dinero en condiciones favorables a quienes son marginados de la banca  
tradicional, y de entre estos, a los más pobres, condujeron a lo que hoy se  
denomina microcrédito.  
En Ecuador, a partir del Consenso de Washington cuyas medidas se orientaron  
a la liberalización de los mercados, la disciplina fiscal, la privatización y la  
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apertura de la inversión extranjera, los ajustes estructurales impulsados por las  
agencias multilaterales, la reducción del estado y su retiro de la intervención en  
la economía, se creó una crisis financiera que rompió por completo con todo el  
sistema financiero ecuatoriano y provocó el llamado “feriado bancario”  
(apropiación indebida del dinero de los ecuatorianos por los bancos). Ello implicó  
la pérdida de los fondos del país, la dolarización de la economía y la creación  
espontánea en las comunidades, de formas populares encaminadas a captar el  
ahorro y suministrar dinero a través del microcrédito como alternativa financiera.  
El microcrédito se define como un “programa de concesión de pequeños créditos  
a los más necesitados para que puedan poner en marcha pequeños negocios  
que generen ingresos con los que logren mejorar su nivel de vida y el de sus  
familias” (OIT, 2005).  
En la literatura consultada, diferentes autores estudiados (Yunus, 2008;  
Coraggio, 2011; Auquilla & Del Castillo, 2013) coinciden en que el microcrédito  
se refiere a pequeños préstamos realizados a personas pobres, los cuales se  
pagan de forma fraccionada.  
Muhammad Yunus, conocido como el padre del microcrédito, encontró en este  
una nueva forma de concebir la lucha contra la pobreza y la exclusión financiera  
de los más pobres. Según Yunus (2006 citado por Garayalde, 2014), a través del  
microcrédito se demuestra que las personas excluidas del sistema bancario  
están igual de dotadas para emprender, gestionar sus propios negocios y  
generar recursos.  
Las Naciones Unidas consideraron el microcrédito como un instrumento capital  
para erradicar la pobreza de cara a los objetivos del milenio, al centrarse en  
actividades del sector informal, movilizar el microahorro, combatir las prácticas  
de usura, permitir una mayor igualdad de género en el acceso a la actividad  
económica y facilitar el flujo de las remesas, entre otros (Flores & San Martin,  
2017).  
El microcrédito constituye una herramienta financiera que revolucionó el mundo  
de las finanzas entre las diferentes capas de la población más desfavorecida,  
concediendo préstamos de pequeñas cantidades de dinero con garantías  
mutuas y solidarias a personas que no son aceptados como prestatarios por la  
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Verduga-Pino (2021)  
banca tradicional, ante la imposibilidad de contar con las garantías y los  
requisitos que esta exige.  
Sin embargo, de acuerdo con lo expresado por varios autores (Paucar, 2013;  
Hernández, 2014) al microcrédito se le atribuyen determinadas críticas entre  
ellas: la escasez de fondos, el impedimento para lograr el acceso al mismo por  
todas las personas, las altas tasas de interés, la provisión de servicios limitados,  
la informalidad, entre otras.  
Todo lo antes planteado revela una situación que perjudica esencialmente a las  
personas que no cuentan con suficientes recursos y que solicitan pequeños  
préstamos de subsistencia. Estos préstamos no implican que su ingreso  
prestatario varíe sustancialmente, incluso en algunos casos, llegan a reducir sus  
oportunidades de ingresos debido a que aumenta su nivel de endeudamiento.  
Entre los factores que limitan los servicios financieros del microcrédito al sector  
pobre se encuentran: pequeños activos en calidad y cantidad; altos costos de  
operación; problemas de reembolso inherente a la falta de activos o al riesgo en  
la utilización de los préstamos para el consumo sin fuentes de ingresos fijas; falta  
de capacidad prestamista de primer piso sólido y competente, que constituye  
uno de los principales obstáculos para extender los servicios financieros;  
propiedad y estructura de gobierno, así como supervisión de la gestión, como  
factores críticos para la provisión eficaz de servicios financieros.  
Se puede reafirmar entonces, que el sistema financiero convencional no ha sido  
el adecuado para la promoción de un desarrollo local que favorezca a los  
sectores vulnerables de la sociedad, pues son sistemas financieros excluyentes,  
que tampoco respaldan experiencias alternativas de organización económica.  
Uno de los principales problemas que enfrentan los emprendedores de los  
territorios es la escasez de crédito y el no contar con instituciones financieras  
que ofrezcan suficientes productos para atender sus necesidades de  
financiamiento, lo que abre paso a las Microfinanzas.  
Las Microfinanzas, iniciadas con operaciones de microcrédito, se definen como  
“la provisión de servicios financieros para personas en situación de pobreza,  
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microempresas o clientes de bajos ingresos, incluyendo consumidores y  
autoempleados” (Ledgerwood, 2000, p. 2).  
En sentido general, se refieren a servicios financieros tales como préstamos,  
ahorros y seguros dirigidos a personas que no tienen acceso a los sistemas  
bancarios tradicionales, dada su desfavorable condición socioeconómica.  
Consisten en otorgar créditos e incentivar el ahorro en las personas excluidas  
del sistema tradicional y se orientan a un amplio rango de necesidades  
financieras de personas en situación de pobreza y, por tanto, abarcan a los  
microcréditos, pero constituyen un concepto más amplio.  
Las Microfinanzas brindan a un masivo número de prestatarios, fondos para  
emprendimientos a pequeña escala y, además, involucran operaciones muy  
homogéneas entre sí. Por otra parte, evitan que las personas recurran a créditos  
ilegales o usureros, donde las tasas de interés son elevadas.  
A partir del siglo XIX, los antecedentes más visibles de las Microfinanzas en el  
mundo en desarrollo, donde abundan las economías informales, se inician con  
actividades de microcrédito y asociaciones de ahorro y crédito en África,  
conocidas como ROSCA por sus siglas en inglés (asociaciones rotatorias de  
ahorro y crédito).  
En este mismo siglo, y de manera simultánea, las experiencias de Cajas de  
Ahorros y préstamos se inician en Alemania por Friedrich Wilhelm Raiffeisen, lo  
que dio lugar a la creación de un gran número de bancos mutualistas en toda  
Europa; estos tuvieron como fin promover el ahorro popular y desarrollar el  
pequeño crédito entre los campesinos, artesanos y comerciantes, de manera  
que se les pudiera proteger de prestamistas inescrupulosos y usureros.  
Dentro de la Red Europea de Microfinanzas, que cuenta con 36 miembros en 16  
países (Cárdenas, Hirsch, & Lara Gómez, 2015) se encuentra España, que tiene  
la finalidad de construir un sector financiero abierto a todos. Según Maldonado,  
Aráuz, & Pinos (2017), esto representa un buen indicio de lo que se proyecta en  
este ámbito, estableciendo las cajas de ahorros, entidades que han apostado  
con mayor decisión por este instrumento financiero.  
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Verduga-Pino (2021)  
Como plantean Carballo et al (2016), fieles a su vocación social, y vinculadas  
con sus orígenes fundacionales de lucha contra la usura y contra la exclusión  
financiera de los más desfavorecidos, las cajas de ahorros han puesto en marcha  
diferentes sistemas microfinancieras, aunque están evolucionando de una forma  
dispersa y poco sistemática, de manera que cada entidad los gestiona de una  
manera particular.  
A partir de los años 90, los programas de Microfinanzas han jugado un papel  
importante en su pretensión por lograr el desarrollo de los territorios y en la lucha  
contra la pobreza.  
Las Microfinanzas posibilitan el acceso a servicios financieros de todo tipo  
(crédito, ahorro, medios de pago), lo que tributa a la construcción de sistemas  
financieros incluyentes y alternativos, que influyen de manera positiva en el  
desarrollo del territorio. A partir de su alcance en todo el mundo y de los cambios  
que han producido en los sistemas financieros, es preciso analizar qué políticas  
podrían implementarse de manera que dichos cambios tengan una influencia  
positiva, tanto en el desarrollo de las regiones, como en la equidad y la lucha  
contra la pobreza.  
Entre los principios clave de las Microfinanzas formulados y aprobados por el  
Grupo Consultivo para Ayudar a los Pobres y sus 33 miembros cooperantes, y  
adicionalmente aprobados por el Grupo de los Ocho durante la Cumbre del 2004  
se relacionan los siguientes: las personas de escasos recursos necesitan una  
variedad de servicios financieros, no sólo préstamos; las Microfinanzas  
representan una herramienta poderosa en la lucha contra la pobreza; se refieren  
a la creación de sistemas financieros que atiendan las necesidades de las  
personas pobres y podrán alcanzar su máximo potencial, si son integradas al  
sistema financiero ya establecido de un país; las Microfinanzas pueden y deben  
ser sostenibles, si se espera abarcar a un gran número de personas pobres;  
requieren la construcción de instituciones financieras locales y permanentes que  
puedan atraer depósitos de remesas familiares y ganancias de los  
emprendimientos, reciclarlos en forma de préstamos, y ofrecer otros servicios  
financieros.  
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No obstante, debe tenerse en cuenta que el microcrédito por sí solo no elimina  
la pobreza, otros tipos de ayuda son ideales para aquellas personas tan pobres  
que no tienen ingresos ni medios de repago; los techos a las tasas de interés  
pueden perjudicar el acceso de las personas pobres a créditos; la fijación de  
tasas de interés máximas impide que las instituciones microfinancieras cubran  
sus costos, y por ello, hace que se corte la oferta de crédito para las personas  
pobres.  
En este sentido, el papel del gobierno debe ser el de facilitador, no de proveedor  
directo de servicios y también, puede establecer un marco político de apoyo; los  
fondos de los cooperantes deben complementar, en vez de competir con el  
capital del sector privado y los subsidios que ofrecen deben ser una ayuda  
temporal de arranque y estar diseñados a apoyar a una institución hasta que ésta  
pueda explotar fuentes de fondos privadas.  
Actualmente, las Microfinanzas siguen cumpliendo su rol como entidades  
proveedoras de crédito a pequeñas iniciativas de emprendimientos en la región  
donde actúan. Sin embargo, existen dudas en cuanto al impacto que estas han  
logrado y a la forma en que los objetivos sociales y económicos se armonizan  
entre sí. En este sentido, se observan diferentes posiciones.  
Según algunos autores (Udry y Aryeetey, 2010; Banerjee et al, 2009) el impacto  
de las Microfinanzas se evidencia en la mejora de las condiciones de vida de sus  
usuarios; se trata no sólo de medir los aspectos financieros, sino también los  
producidos en la vida de las personas, así como en su territorio o región.  
Aquellos que se han preocupado por medir el impacto real de los programas de  
Microfinanzas sobre sus usuarios (van Rooyen, Stewart, De Wet, 2012)  
coinciden en que estas han abierto un camino, que desde otra perspectiva se  
pudiese convertir, junto con otras políticas, en un factor de desarrollo y reducción  
de la pobreza, desde una oferta financiera creativa en el territorio para cubrir la  
demanda local generada, mayoritariamente, por las iniciativas de  
emprendimientos de la zona.  
Abarcar las Microfinanzas desde una política de inserción productiva implica usar  
el sistema financiero como instrumento de ampliación de posibilidades de ahorro  
y consumo, que responda a las diversas necesidades de financiamiento. Pérez  
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Verduga-Pino (2021)  
&
Titelman (2018) consideran que la falta de acceso a las finanzas es un  
mecanismo crítico para perpetuar la desigualdad del ingreso y mantener un bajo  
crecimiento, opinión que es avalada por estudios recientes acerca de las  
Microfinanzas realizados por el Banco Mundial.  
Al valorar críticamente estas posiciones que absolutizan el rol del financiamiento,  
se corrobora que la participación, la gestión microfinanciera, el fortalecimiento de  
las comunidades y las formas productivas asociativas constituyen factores  
determinantes, junto a las políticas públicas para el fomento de un desarrollo  
sostenible, desde el punto de vista económico y social a largo plazo.  
Duvendack et al (2011) señalan que la mayoría de los estudios de impacto de  
las Microfinanzas realizados en Asia han obtenido resultados interesantes para  
el análisis de los mercados financieros. Además, han tenido otras consecuencias  
financieras como el incremento del ahorro o la acumulación de activos como  
pequeña maquinaria e impactos no financieros en la salud, la seguridad  
alimenticia, la nutrición, la educación, la creación de empleo, la situación de la  
mujer y la cohesión social.  
La idea que subyace en todos estos estudios es que, al proporcionar servicios  
financieros a los pobres, estos administran su dinero de forma diferente,  
invirtiendo, comprando activos productivos, mejorando su rendimiento personal,  
su auto estima y elevando los niveles de confianza.  
Otros estudios realizados por Copestake, Bhalotra y Johnson (2001) manifiestan  
impactos positivos de las Microfinanzas para los pobres, no así para los más  
pobres; además se señala que las Microfinanzas han mejorado sus ingresos,  
pero no lo suficiente.  
Con respecto a la situación de la mujer, se considera que parece haber  
mejorado, pero aún subsisten grandes desigualdades (Husain, Mukherjee y  
Dutta, 2014).  
De acuerdo con Karnani (2007) el dinero dedicado a las Microfinanzas podría ser  
más efectivo con otro tipo de intervenciones, sobre todo, si se combina con  
programas de salud o educación general.  
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Por otra parte, los estudios referidos al África (Ashraf, Gine y Karlan, 2008),  
también demuestran que las Microfinanzas disminuyen la pobreza y mejoran la  
calidad de vida de los clientes  
En cambio, Nanor (2008) indica que cuanto más tiempo un cliente utilice las  
Microfinanzas, peores resultados obtienen en su actividad, lo que muestra que  
el solo hecho de recibir financiamiento no constituye garantía de un buen  
desempeño empresarial.  
Desde la experiencia internacional, la industria de las Microfinanzas en América  
Latina atraviesa una acelerada transformación, por ejemplo: si antes estaba  
compuesta por organizaciones no gubernamentales (ONGs) que financiaban  
donativos y no tenían fines de lucro, hoy esta industria comprende una amplia  
gama de instituciones financieras que se caracterizan por una creciente  
inquietud por la eficiencia y la rentabilidad de sus operaciones. En opinión de  
Morduch (2000), esta evolución ha generado un importante debate entre  
organismos internacionales y administradores de microfinancieras.  
La actividad microfinanciera para el caso de América Latina, en los últimos 20  
años ha sido interesante, pues el crecimiento de las mismas ha sido explosivo,  
pasando de un pequeño experimento de desarrollo a un negocio de millones de  
dólares, se ha logrado bancarizar a millones de personas y a miles de empresas  
(CEPAL ECUADOR, 2017). Sin embargo, existen muy pocos estudios que  
apunten a medir el acceso propiamente dicho, es decir, a relacionar el número  
de clientes con el total de empresas o población.  
La limitación crucial de las Microfinanzas es la insuficiencia de instituciones que  
las respalden, por ello es relevante destacar que funcionan de forma diferente  
en las distintas regiones. El mayor desafío de las Microfinanzas, indica la CEPAL,  
es equilibrar una cobertura adecuada, la suficiencia en las prestaciones y la  
sostenibilidad financiera (CEPAL, 2018). Sin embargo, se ha observado en  
algunos de los países más importantes del área una reducción del papel del  
Estado y la elevación de los niveles de desigualdad y exclusión social, por lo que  
los desafíos de las Microfinanzas no dependen solo de las trasformaciones que  
ellas encierran en sí misma; pues los cambios del poder político y las  
incertidumbres que representan constituyen una fuerte amenaza para el  
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Verduga-Pino (2021)  
cumplimiento de sus objetivos, por lo que se requiere la participación de más  
actores que influyan en el territorio como los Gobiernos Autónomos  
Descentralizados, las universidades, las ONGs, entre otros.  
Si bien las Microfinanzas han abierto un camino hacia el desarrollo de los  
territorios y han posibilitado la inclusión financiera de los sectores vulnerables de  
la sociedad, los cuales han sido excluidos por la banca tradicional debido a su  
precaria condición socio-económica, aun no resuelven del todo la situación de  
este sector desfavorecido, por lo que se precisa de otras alternativas de  
organización del sistema financiero que permitan mejorar las condiciones  
sociales y económicas, y potenciar el desarrollo de los territorios. Además, se  
requiere considerar una mejor manera de que la oferta de servicios financieros  
pueda contribuir al desarrollo económico: el fomento y fortalecimiento de las  
finanzas populares que armonicen criterios de rentabilidad económica y  
rentabilidad social.  
Las microfinanzas en el contexto del sector financiero ecuatoriano  
Las Microfinanzas se formalizan en el Sistema Financiero del Ecuador a partir  
de junio de 2002, con la emisión de la normativa contenida en la Resolución No.  
JB-2002-457 del 10 de junio, efectuada por la Junta Bancaria. La primera  
información financiera de las Microfinanzas aparece en los balances de la  
Superintendencia de Bancos en el mes de julio de 2002. Se les define en el  
Ecuador, como organizaciones que tienen como objetivo fundamental hacer que  
los pobres que trabajan por cuenta propia, especialmente mujeres, tengan  
acceso a servicios financieros confiables, para lo cual han intentado transformar  
actividades financieras desde la banca privada.  
De acuerdo con lo estipulado en el numeral 1.4 de la Resolución No. 209-2016-  
F del 12 de febrero de 2016 de la Junta de Política y Regulación Monetaria y  
Financiera, se define al microcrédito de la siguiente manera:  
Es el otorgado a una persona natural o jurídica con un nivel de ventas  
anuales inferior o igual a cien mil dólares de los Estados Unidos de América  
(US$ 100.000,00), a un grupo de prestatarios con garantía solidaria,  
destinado a financiar actividades de producción y/o comercialización en  
pequeña escala, cuya fuente principal de pago constituye el producto de las  
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ventas o ingresos generados por dichas actividades,  
verificados  
adecuadamente por la entidad del sistema financiero público o privado (SBS,  
Ecuador 2002).  
La Superintendencia de Bancos y Seguros (SBS) divide a los microcréditos en:  
Microcrédito minorista: operaciones otorgadas a solicitantes de crédito cuyo  
saldo adeudado en microcréditos a la entidad financiera, sea menor o igual a mil  
dólares de los Estados Unidos de América (US$ 1.000,00), incluyendo el monto  
de la operación solicitada.  
Microcrédito de acumulación simple: operaciones otorgadas a solicitantes, cuyo  
saldo adeudado en microcréditos a la entidad financiera, sea superior a mil  
dólares de los Estados Unidos de América (US$ 1.000,00) y hasta diez mil  
dólares de los Estados Unidos de América (USD$ 10.000,00), incluyendo el  
monto de la operación solicitada.  
Microcrédito de acumulación ampliada: operaciones otorgadas a solicitantes de  
crédito cuyo saldo adeudado en microcréditos a la entidad financiera, sea  
superior a diez mil dólares de los Estados Unidos de América (US$ 10.000,00),  
incluyendo el monto de la operación solicitada.  
Mediante Resolución No.391-2017-F del 31 de julio de 2017, la Junta de Política  
y Regulación Monetaria y Financiera dispone que para el año 2017, el banco  
público Banecuador deberá canalizar sus recursos, principalmente a los  
segmentos de microcrédito y vivienda de interés público. De igual forma señala  
que la Corporación Nacional De Finanzas Populares y Solidarias (CONAFIPS),  
dentro de la colocación de segundo piso, orientará su programa de crédito a los  
segmentos: comercial prioritario, microcrédito y vivienda de interés público (JPM-  
E, 2017).  
El 26 de enero de 2018 la Junta de Política y Regulación Monetaria y Financiera  
con el afán de apoyar financieramente a los microempresarios emitió la  
resolución No.437-2018-F, a través de la cual fijó las tasas de interés activas  
efectivas máximas para el microcrédito en: Microcrédito Minorista: 28,50%;  
Microcrédito de Acumulación Simple: 25,50% y Microcrédito de Acumulación  
Ampliada: 23,50%.  
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Verduga-Pino (2021)  
En la citada resolución se estipula que las tasas detalladas aplicarán para el  
sector financiero público, el sector financiero privado, las mutualistas y entidades  
del segmento 1 del sector financiero popular y solidario; mientras que, para las  
demás entidades se mantendrán las tasas de microcréditos, los porcentajes que  
entraron en vigencia desde el 1 de febrero de 2018 (JPM-E, 2018).  
Microcrédito Minorista: 30,50%  
Microcrédito de Acumulación Simple: 27,50%  
Microcrédito de Acumulación Ampliada: 25,50%  
De las cifras expuestas se determina que se han bajado en 2 puntos  
porcentuales las tasas de interés máximas efectivas de los microcréditos. Esta  
disminución, si bien es favorable para los pequeños emprendedores, podría  
afectar los ingresos y, por ende, los resultados de las entidades que otorgan este  
tipo de créditos, especialmente, aquellas cuya política crediticia es el cobro de  
tasas de interés en sus niveles máximos. En el caso contrario, esta disminución  
no tendría efecto negativo en los resultados de las entidades financieras que,  
dentro de su política crediticia en el afán de ser competitivos y por lo mismo  
captar un mayor número de clientes, cobran tasas inferiores a los techos  
permitidos.  
En el ámbito de las Microfinanzas desde el contexto del sector financiero  
ecuatoriano, en lo respecta a las demandas de crédito por emprendimientos, se  
hace referencia a los datos contenidos en el Reporte del Monitoreo del  
Emprendimiento Global, los cuales provienen de una encuesta realizada a 2.000  
adultos (mayores de 18 años), complementado con encuestas a un mínimo de  
36 expertos nacionales (emprendedores, servidores públicos, académicos, y  
profesionales) de los cuales se recogen sus opiniones acerca de los factores que  
tienen un determinado impacto sobre el ecosistema emprendedor en cada  
economía (GEM-E, 2016).  
El monto promedio requerido para iniciar un emprendimiento en Ecuador es de  
USD 2.000, según señala el GEM 2016 en base a los datos suministrados por la  
Alianza para el Emprendimiento y la Innovación (AEI, 2016). Estos  
emprendimientos pertenecen a la categoría de economías de eficiencia dentro  
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de la clasificación de tres fases de desarrollo económico, economías de factores,  
economías de eficiencia y economías de innovación.  
De acuerdo con la evaluación del entorno para el 2016 se determina que, en lo  
referente al Ecosistema Emprendedor se incluyen las percepciones de expertos  
para nueve condiciones marco emprendedoras como son: apoyo financiero;  
políticas gubernamentales (políticas generales y regulación); programas  
gubernamentales; educación y formación en emprendimiento; transferencia de  
conocimiento (I+D); infraestructura comercial y legal; dinamismo interno del  
mercado y regulación de entrada, infraestructura física, y normas sociales y  
culturales.  
Los aspectos fundamentales que limitan el impulso de los emprendimientos que  
mayoritariamente corresponden a las Microfinanzas, son la falta de apoyo  
financiero (2,86 de puntaje) y de políticas gubernamentales de regulación (2,68),  
ya que estos factores son los más bajos en comparación con Colombia (3,63 y  
3,60), Perú (3,83 y 3,14), Chile (3,53 y 4,74), de la Región (América Latina y el  
Caribe) (3,42 y 3,31) y de las Economías de Eficiencia (4,07 y 3,67,  
respectivamente) a la cual pertenece Ecuador (BCE,2016).  
Adicionalmente, los factores citados fueron los más desfavorables en promedio  
entre los años 2010 y 2015, pues registraron los puntajes más bajos de los nueve  
evaluados, con cifras de 3,95 en el factor referido a la falta de apoyo financiero  
y de 2,28 en cuanto a las políticas gubernamentales de regulación.  
El financiamiento de los emprendimientos, según lo describe el GEM 2016  
(GEM-E 2016), proviene mayoritariamente de recursos propios (fuente interna)  
y de fuentes externas como: los Bancos (47%), los denominados inversionistas  
informales con una participación del 30% y el 4% de recursos del Gobierno.  
Por otra parte, el 3,2% del financiamiento los emprendedores lo obtienen de  
inversionistas privados (capital de riesgo o venture capital) y mediante  
crowdfundig obtienen el 1,7% de los recursos. También, otros actores que  
financian emprendimientos son el “Capital semilla”, proyecto generado a través  
del Ministerio de Industrias y Productividad del Ecuador que brinda  
financiamiento a emprendedores innovadores. Esta es una oferta que gobierno  
ecuatoriano pone a disposición del sector productivo.  
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Verduga-Pino (2021)  
Otro mecanismo de financiamiento con que cuentan los emprendedores, en este  
caso los emprendedores de la Economía Popular y Solidaria son los recursos de  
la CONAFIPS, fondos que se canalizan por medio de las Organizaciones del  
Sector Financiero Popular y Solidario (OSFPS) que hasta agosto de 2017  
totalizaron en el país 151 entidades, dentro de las cuales constan 137  
Cooperativas de Ahorro y Crédito, 5 Fundaciones, 3 Cajas Solidarias, 1  
Mutualista y 5 entidades diversas.  
Economía Popular y Solidaria/Finanzas Populares y Solidarias: marco  
institucional  
La Economía Popular y Solidaria (EPS) tiene como antecedente a la Economía  
Social surgida en el siglo XIX en Europa. En su sentido más amplio, la Economía  
Social es el conjunto de intereses de la sociedad, pero en estudios realizados  
por diferentes autores (Spear, 2001; López, 2003; CEPES, 2012 citados en  
Auquilla, 2014) se le concibe como un conjunto de formas que se instituyen en  
asociaciones, bancos comunales, pequeñas cajas de ahorro, fundaciones,  
mutualistas y cooperativas, en las que prevalece el interés general sobre el  
particular, en las que la toma de decisiones se realiza equitativa y  
participativamente y en la que predomina el trabajo por sobre el capital; esta  
economía genera valor agregado y puestos de trabajo y su dinámica es diferente  
a la del sector público y a la del sector capitalista.  
Por su parte, la Economía Popular ha sido de interés para diversos  
investigadores. Según Sarría (2010) la Economía Popular es:  
El conjunto de actividades económicas y prácticas sociales desarrolladas por  
los sectores populares con miras a garantizar, a través de la utilización de  
su propia fuerza de trabajo y de los recursos disponibles, la satisfacción de  
las necesidades básicas, tanto materiales como inmateriales (p. 173).  
La Economía Solidaria surgida en América Latina en la década del 90 se define  
como “el sistema socio-económico, cultural y ambiental desarrollado de forma  
individual o colectiva a través de prácticas solidarias, participativas, humanistas  
y sin ánimo de lucro para el desarrollo integral del ser humano como fin de la  
economía” (Askunze, 2007, p. 2).  
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REICOMUNICAR. Vol. 4, Núm. 7 (ene - jun 2021) ISSN: 2737-6354.  
Consideraciones teóricas sobre la gestión de las Microfinanzas con un enfoque de Finanzas  
Populares y Solidarias  
En el contexto ecuatoriano se entiende por Economía Popular y Solidaria al:  
Conjunto de formas y prácticas económicas, individuales o colectivas, auto  
gestionadas por sus propietarios que, en el caso de las colectivas, tienen  
simultáneamente localidad de trabajadores, proveedores, consumidores o  
usuarios de las mismas, privilegiando al ser humano como sujeto y fin de su  
actividad, orientada al buen vivir, en armonía con la naturaleza, por sobre el  
lucro y la acumulación de capital (Ley de la EPS, artículo 1, Capítulo 1, pág.  
1)  
La EPS tiene su origen en las formas de organización de los sectores populares  
y de sus iniciativas y emprendimientos frente a la lógica capitalista excluyente y  
de acumulación. Su objetivo esencial es el ser humano y la satisfacción de sus  
necesidades, así como la prestación de servicios a los miembros del territorio o  
de la comunidad y el reconocimiento de diferentes formas de organización de la  
sociedad para la producción, en las que la sociedad de las personas está por  
encima de la sociedad de capitales.  
En este sentido se destaca que Ecuador reconoce en su artículo 283 de la  
Constitución de la República (Asamblea Nacional del Ecuador, 2008) que “el  
sistema económico es social y solidario”, y se especifican los siguientes  
objetivos:  
1. Mejorar la calidad y esperanza de vida, y aumentar las capacidades y  
potencialidades de la población en el marco de los principios y derechos que  
establece la Constitución.  
2. Construir un sistema económico justo, democrático, productivo, solidario  
y sostenible basado en la distribución igualitaria de los beneficios del  
desarrollo, de los medios de producción y en la generación de trabajo digno  
y estable. Así como en muchos países de la región, la posibilidad de superar  
la pobreza pasa por mejorar las capacidades sistémicas territoriales,  
asumiendo la población la gestión de su propio desarrollo, a través de la  
capitalización y canalización de recursos económicos orientados a financiar  
la generación de bienes y servicios, como requisito para propiciar mejores  
condiciones socio-comunitarias y económicas para alcanzar una mejor forma  
de vivir.  
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Verduga-Pino (2021)  
3. Impulsar las Finanzas Populares y Solidarias (FPS) en el país, lo que ha  
sido de gran importancia para democratizar los servicios financieros y  
potenciar el desarrollo endógeno, desde abajo, lo que exige promover la  
participación e interacción efectiva del Estado y la sociedad civil.  
La Economía Popular y Solidaria se ha convertido en Ecuador en una vía  
fundamental para lograr elevar la producción, el empleo, los ingresos y el  
desarrollo de las organizaciones del sector comunitario” (Auquilla, 2014, p.9).  
Desde el sistema económico social y solidario del Ecuador es necesario asumir  
las Finanzas Populares y Solidarias como parte del nuevo Sistema Económico,  
Social y Solidario en el que se diseña una nueva arquitectura financiera al  
servicio de la sociedad.  
Por lo que hay que dejar de hablar y pensar en Microfinanzas para asumir la  
categoría Finanzas Populares y Solidarias, dentro de la cual, el alcance, la  
profundidad y la calidad de los servicios financieros orientados al desarrollo  
local y territorial son de trascendental importancia (Cardoso, 2014, p.5).  
Se conciben las Finanzas Populares y Solidarias como:  
El conjunto de ideas, esfuerzos, capacidades, apoyos, normas, programas,  
instrumentos, recursos y estructuras, que actúan en cada situación  
geográfica definida y limitada (recinto, parroquia, barrio, urbano, suburbano  
y rural), para que la población organice el mercado financiero del ahorro, del  
crédito y de los servicios financieros en su propio beneficio y en pos del  
desarrollo de toda la comunidad, abiertos al intercambio de productos y  
servicios financieros con otras localidades, en perspectiva de construir un  
nuevo sistema de flujos financieros, que tengan al ser humano como centro  
del desarrollo económico y social.  
Las FPS permiten distinguir a aquellas instituciones que brindan un servicio con  
fines comerciales, de aquellas que nacen con una visión crítica de los procesos  
económicos y buscan generar oportunidades del desarrollo desde las  
comunidades locales como lo son las OSFPS integradas en un nuevo sistema  
económico.  
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Consideraciones teóricas sobre la gestión de las Microfinanzas con un enfoque de Finanzas  
Populares y Solidarias  
De esa forma, mientras las instituciones microfinancieras ven en los  
emprendedores sólo una salida laboral desde el individuo, las FPS aspiran a  
convertirlas, junto al sistema de Economía Popular y Solidaria, en semillas de  
una economía más solidaria y humana para la reproducción de las condiciones  
de la vida humana (Verduga, 2016).  
Actualmente, se evidencia el surgimiento de iniciativas de ahorro y crédito que,  
en su intervención como actores populares en el mercado financiero, no  
garantizan el pleno y real desarrollo de las FPS, pues se requiere que los flujos  
económicos de estas organizaciones se entrecrucen mediante la prestación de  
diversos servicios. Es entonces, cuando las organizaciones populares  
comprenden y asumen un rol protagónico y articulador de la intermediación y  
prestación de servicios financieros entre sí.  
Cuando estos flujos se entrelacen será el momento de hablar de la plena y real  
construcción de una nueva arquitectura y tejido financiero alternativo y solidario.  
Para garantizar la sostenibilidad financiera y social de los emprendimientos de la  
EPS se requiere la integración de todos los actores: sujetos sociales públicos,  
privados, populares y solidarios, así como de la participación del Estado, el cual  
debe apoyar para su desarrollo.  
Se necesita, por tanto, que desde el Estado y las políticas públicas se  
reconozcan estas instancias que componen el quehacer de las FPS, que  
organizan su gestión de intermediación y prestación de servicios financieros,  
guiados no por la lógica capitalista de acumulación y extracción de recursos, sino  
por el servicio hacia el desarrollo local.  
Esta perspectiva implica también, la búsqueda de rentabilidad, pero no a costa  
de la descapitalización de los destinatarios de los servicios financieros, ni  
provocando el impacto social y ambiental con los emprendimientos de la EPS.  
En consecuencia, se fomenta e impulsa el desarrollo local, puesto que se  
constituyen en agentes que aportan al devenir social, económico y productivo de  
estas localidades. Ello supone la comprensión amplia del potencial que tienen  
las comunidades rurales y urbanas populares para mediar en el mercado de  
flujos locales y nacionales; significa entender la intervención financiera como un  
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Verduga-Pino (2021)  
instrumento para el desarrollo con equidad, a través de formas asociativas y no  
como un medio de concentración de riqueza, por una parte, mientras se acumula  
pobreza en sectores excluidos.  
Las OSFPS que forman parte del Sector Financiero Popular y Solidario (SFPS)  
captan el ahorro local, lo reinvierten vía crédito en la producción, y desarrollan  
servicios financieros complementarios, lo cual puede contribuir a articular estas  
iniciativas en un espacio alternativo y solidario que tiene las siguientes  
particularidades:  
La consideración acerca de que las organizaciones del sistema de  
Finanzas Populares y Solidarias son organizaciones populares con gran  
potencial económico significó rupturas de los enfoques tradicionales de  
profundización financiera y bancarización, desarrollando nuevos paradigmas  
de finanzas, bajo principios sociales y solidarios, lo que lleva a proponer la  
política pública de rectoría, regulación y control, apropiada a la realidad del  
sector FPS, que tenga en cuenta aspectos de desempeño social y prudencia  
financiera.  
La implementación de productos y servicios financieros, de acuerdo a la  
demanda y condiciones particulares de los emprendimientos de la Economía  
Popular y Economía Popular y Solidaria, así como la articulación con las  
políticas públicas y la institucionalidad del SFPS-EPS.  
La formulación e innovación de los instrumentos de política pública y  
servicios financieros orientados hacia la inserción de las formas populares  
de ahorro y crédito al servicio de las iniciativas emprendedoras de la  
EP/EPS.  
Para cubrir las limitaciones de las microfinanzas en el territorio se deben acoger  
favorablemente a los potenciales objetivos de las Finanzas Populares que son:  
combatir la usura; promover la inversión productiva en la comunidad y crear  
opciones laborales bajo responsabilidad familiar o comunitaria.  
Para ello las estructuras financieras de las FPS en la zona objeto de estudio  
deberían:  
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Populares y Solidarias  
Estimular el ahorro, bajar el costo del dinero, financiar los proyectos para  
el desarrollo del territorio, producción, comercio, empleo, servicios,  
innovación y desarrollo;  
Vincular la educación superior e inversión en I+D+I (Investigación +  
Desarrollo+ Innovación Tecnológica),  
Consolidar la conectividad con el espacio virtual y las telecomunicaciones  
en el territorio de actuación, incluir y no excluir de acuerdo al nivel de  
disponibilidad de recursos y garantías que exige el sistema bancario  
tradicional para poder tener el derecho al financiamiento bancario,  
Agregar valor a la acción financiera, productiva en aspectos de  
organización, formación profesional, equidad, respeto del medio ambiente,  
participación democrática, entre otros.  
Descubrir la vocación y el sentido del desarrollo territorial a escala local y  
establecer redes de cooperación parroquial, cantonal, provincial, regional y  
nacional.  
Como se puede apreciar, en el contexto del sector financiero ecuatoriano las  
Microfinanzas tienen lugar en un ámbito de informalidad en el que se llevan a  
cabo emprendimientos de sobrevivencia, son formas no asociativas que  
desarrollan procesos irregulares, mientras que las FPS están asociadas,  
generan emprendimientos en el territorio y se rigen por la ley de las OFPS.  
3. METODOLOGÍA  
La investigación llevada a cabo se origina a partir del siguiente problema  
científico: ¿cómo transformar las Microfinanzas para superar sus limitaciones  
actuales y propiciar la inclusión financiera de los sectores vulnerables del  
Ecuador?  
El objeto de la investigación lo constituyen las Microfinanzas y el campo de  
acción, el proceso de su transformación en Finanzas Populares y Solidarias en  
Portoviejo, Ecuador.  
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Verduga-Pino (2021)  
Se emplearon métodos del nivel teórico tales como: el histórico-lógico para  
analizar la evolución de las Microfinanzas en los escenarios estudiados; el  
analítico-sintético para estudiar los referentes teórico-metodológicos que  
sustentan el objeto de estudio, así como para llegar a las conclusiones derivadas  
del procesamiento de la información acerca del mismo, y el inductivo-deductivo  
para determinar las particularidades de las Microfinanzas y de las Finanzas  
Populares y Solidarias, a partir de la sistematización de los referentes teóricos  
consultados.  
4. RESULTADOS  
Como se puede apreciar, en el contexto del sector financiero ecuatoriano las  
Microfinanzas tienen lugar en un ámbito de informalidad en el que se llevan a  
cabo emprendimientos de sobrevivencia, son formas no asociativas que  
desarrollan procesos irregulares y no han favorecido la reducción de la pobreza,  
ni han fomentado el desarrollo.  
Por su parte, las Finanzas Populares y Solidarias generan emprendimientos en  
el territorio, ofrecen un sistema de garantías colectivas y solidarias, promueven  
el desarrollo local bajo la lógica del trabajo asociado, y con el apoyo de políticas  
públicas, favorecen la innovación y la tecnología.  
5. DISCUSIÓN  
El análisis realizado acerca de las Microfinanzas hizo posible profundizar en la  
evolución de las mismas durante su desarrollo histórico, así como identificar las  
contradicciones y limitaciones que poseen, las cuales justifican su  
transformación en aras de favorecer la inclusión financiera de los sectores  
vulnerables del Ecuador.  
Las indiscutibles ventajas que brindan las Finanzas Populares y Solidarias  
permiten aseverar la factibilidad de trabajar por lograr la gestión de las  
Microfinanzas con un enfoque de Finanzas Populares y Solidarias.  
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Populares y Solidarias  
6. CONCLUSIONES  
La valoración crítica de lo antes expuesto se dirige, en primer lugar, a reconocer  
el papel del microcrédito y las Microfinanzas de acuerdo al escenario en que se  
desenvuelven; el primero de manera más específica, exclusivamente en la  
colocación de un préstamo pequeño a corto plazo, con un interés acorde a las  
tasas vigentes, y las otras que abren el espectro local, siendo más inclusivas  
dentro de un territorio de subsistencia y marginalidad, brindando además, una  
gama de servicios para satisfacer las diferentes demandas de la comunidad.  
La Economía Popular y Solidaria, reconocida por la Constitución del Ecuador del  
2008 como un sistema económico que coexiste con el público y el privado, ha  
comprobado su capacidad de construir una alternativa a la economía neo-liberal  
actualmente dominante. Dentro de este sistema económico, la EPS constituye  
una respuesta concreta a las necesidades y aspiraciones de las personas que  
participan de ella. En el marco de la EPS, las Finanzas Populares y Solidarias  
revisten especial significación al constituir un mecanismo de organización y  
participación de los actores y sujetos sociales de la economía popular en el  
sistema financiero, dentro de los cuales, los sectores excluidos constituyen una  
parte importante.  
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